Decálogo del Docente Universitario 


1.      Mi labor de enseñanza y facilitación del aprendizaje, es el aporte más significativo que como docente universitario puedo ofrecer.
2.      Comprendo que la sabiduría es el don más grande que Dios ha otorgado a los seres humanos. En tal virtud, me comprometo a constituir un instrumento eficaz en la generación, transferencia y adquisición de conocimiento. Así mismo, la disposición para reconocer mis limitaciones y las capacidades de mis estudiantes.
3.      Mi resuelto compromiso abarca un alto sentido de responsabilidad, ética y profesionalismo en todos mis actos, pues entiendo que las palabras convencen, mientras que el ejemplo arrastra.
4.      Acepto la individualidad de criterio y la potestad de elegir, por lo cual me identifico como los principios filosófico – libertarios de la Universidad de Occidente.
5.      Me compele un fuerte deseo de superación, por lo cual atenderé mis responsabilidades con disciplina y puntualidad.
6.      Me queda claro que los estudiantes son mis aprendices, pero solo eso. En ningún momento pretenderé que son mis hijos o que tengo algún tipo de autoridad o potestad sobre ellos.
7.      Entiendo que mi labor formativa, incluye la necesidad de amplitud de criterio y sentido común. No regalo ni vendo puntos o privilegios. Por el contrario, estoy siempre dispuesto a premiar el esfuerzo de cada estudiante.
8.      Mi interés principal radica en hacer el mejor papel posible, recordando siempre que soy objeto de crítica y valoración subjetiva, además de la gran posibilidad de llegar a constituir un modelo digno de imitar.
9.      Sé fehacientemente que la mentira, el engaño y la corrupción pueden derruir por completo mi imagen, denigrando mi identidad ante mi Creador, ante los demás y especialmente ante mí mismo.
10.  Por sobre todas las cosas confío en Dios, teniendo la firme convicción de que al esforzarme con diligencia, El me bendecirá en todas las cosas.